Las acciones de IBM se hundieron tras un mensaje de Anthropic que posiciona a su herramienta Claude Code como acelerador para modernizar COBOL, un lenguaje clave en mainframes de la propia IBM. El episodio reavivó el temor de Wall Street a que la IA recorte la demanda de software y servicios heredados.
Anthropic afirma haber detectado campañas "a escala industrial" que habrían usado miles de cuentas y servicios proxy para extraer capacidades de Claude mediante destilación. La empresa señala a DeepSeek, Moonshot y MiniMax, y advierte que el problema no solo es comercial: también podría debilitar salvaguardas críticas y tensionar el debate sobre controles de exportación en IA.
Sam Altman, CEO de OpenAI, rechazó las críticas sobre el uso de agua en nuevos centros de datos de IA, pero reconoció que el consumo eléctrico sí es un problema creciente. En paralelo, una carrera por levantar instalaciones masivas fuera de la red en Estados Unidos, impulsada por grandes tecnológicas y energía a gas, eleva tensiones climáticas, regulatorias y comunitarias.
COBOL sigue siendo el corazón invisible de miles de sistemas críticos, pero el talento para entenderlo se reduce cada año. Una publicación de Claude plantea que la IA puede cambiar la economía de modernizar estos entornos al automatizar el descubrimiento, el mapeo de dependencias y la evaluación de riesgos, reduciendo proyectos de años a trimestres sin sacrificar confiabilidad.
Engie, uno de los mayores grupos eléctricos de Francia, explora en Brasil una idea que gana fuerza en mercados con excedentes renovables: usar minería Bitcoin o baterías para monetizar la energía que hoy se pierde por recortes de la red. La discusión ocurre mientras varios mineros tradicionales reconfiguran sus centros de datos para atender la demanda de cómputo de inteligencia artificial.
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