Hace unos días, el Gobierno de Bolivia formalizó un compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para redactar un marco de regulación y supervisión sobre las criptomonedas. El plan es desarrollar un “marco regulatorio y de supervisión de activos virtuales robusto” para evitar la fuga de capitales. 📜 Hasta aquí, nada sorprendente. Lo interesante viene en paralelo: el mismo Ejecutivo evalúa integrar USDT al sistema de pagos nacional para que circule “como el dólar o el boliviano”. Lo curioso del caso es que el FMI no se muestra opuesto a este plan. Por el contrario, tolera —e incluso impulsa— el dólar digital de Tether porque refuerza la dolarización y mantiene el control dentro del sistema financiero tradicional. Se trata de una actitud muy distinta a la se observa cuando un país intenta darle estatus real a bitcoin. Ahí sí aparece la presión, las condiciones del préstamo y la exigencia de limitar las compras estatales. Así pasó en El Salvador. Es una vieja lucha disfrazada que trae a la memoria el lema que muchos organismos y bancos centrales mantuvieron durante años: “blockchain sí, bitcoin no”. Ahora la versión actualizada parece ser “stablecoin del dólar sí, bitcoin no”. 🏛️ USDT es cómodo para ellos: es rastreable, está centralizado y, en la práctica, extiende el poder del dólar sin necesidad de imprimir billetes físicos. Bitcoin, en cambio, es competencia directa al monopolio monetario. No pide permiso, no tiene emisor y no se puede apagar con un memorando. La pregunta incómoda e inevitable que surge de todo esto: ¿el FMI y los organismos multilaterales se rendirán algún día ante bitcoin o la pelea será eterna? La historia sugiere que seguirán resistiendo mientras puedan. Cada vez que un país endeudado intenta escapar del círculo de deuda, inflación y rescate, el Fondo aparece con condiciones. Bolivia no es la excepción: necesita el financiamiento, acepta supervisar criptoactivos… y al mismo tiempo abre la puerta al activo que mejor representa la continuidad del status quo monetario. Pero la realidad en la calle es otra. Es cierto que millones de latinoamericanos ya usan USDT para sobrevivir a la inflación y la escasez de dólares. Pero muchos de esos mismos usuarios terminan descubriendo bitcoin después. El capital busca refugio. Y el refugio más duro sigue siendo el que no depende de la promesa de nadie. Bolivia está escribiendo otro capítulo de esta tensión. Regular para controlar la fuga, sí. Abrir la puerta al dólar digital, también. Bitcoin, por ahora, que espere afuera. Veremos cuánto tiempo dura esa estrategia… y cuánto tiempo la gente está dispuesta a esperar. 🔎
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